Con esta entrada (#100) damos por
finalizado el blog y qué mejor forma de ponerle la guinda al pastel (¿o cereza
o uva o papaya?) que entrevistando a una de las personas que más admiro en este
mundo: mi amiga Denise Arzate Arriaga (en otros mundos, todavía no sé muy bien
a quién admiro; sería interesante investigar, pero aquí la admiro a ella).
El punto en común: el alemán
Conocí a Denise en el lejano 2009
cuando ambos empezamos la carrera de lenguas. Los dos teníamos algunas cosas en
común, pero lo que, me parece, nos unió más fue que ambos (cada quien a su
manera, como dice la canción) estábamos aprendiendo alemán.
Un buen día, Denise me dijo que
terminando segundo semestre se iba a ir un año a Alemania. “Espérame un año
Juan Carlos y, cuando regrese, seguimos la carrera juntos”, se atrevió a
proponer. ¡Y qué bueno que no le hice caso porque todavía estaría esperando para
reinscribirme! La condenada, dicho con mucho cariño, lleva más de ocho años
por allá y de eso versa esta tertulia: de sus experiencias, de sus logros, de
sus anécdotas y, por qué no, también de sus momentos difíciles en el país de
Goethe, las salchichas, la precisión y el orden.
Tan pronto como empieza la plática…
…nos damos cuenta de algo: por
más que seamos excelentes amigos, esta es la primera vez en esos ocho años que
hacemos una videollamada. ¿Es necesario, me pregunto, desaprovechar tanto a
nuestras amistades? ¿De verdad no hay tiempo a lo largo de casi 3,000 días como
para hablar aunque sea una hora? No lo digo, por supuesto, como reclamo a mi
entrevistada de lujo, sino como reflexión para ver si ya no me vuelve a pasar.
Tan pronto como empieza el
diálogo también me doy cuenta de otra cosa. Ser entrevistador con Denise es
fácil, créanme, puesto que con tan sólo una pregunta nos bastó para más de 40
minutos (bien pudo haber sido la entrevista uni-cuestión, pero mi curiosidad
pudo más y sobre todo lo mucho que sabe y ha vivido nuestra interlocutora).
El primer año de Denise en Alemania
Recién llegada a la única e
inigualable Deutschland, Denise se
dedica al au-pairismo y admite lo
siguiente: “El primer año no aprendí mucho”. Se refiere al idioma alemán. Su
mayor contacto es con gente que habla inglés y dado que en Alemania la mayoría,
sino es que todos, hablan la lengua del obladi-oblada
life goes on bra, pues la situación parece ir viento en popa.
“Yo pensaba que me quedaba un año
y me regresaba”, dice nuestra entrevistada. No obstante, todo esto cambia
cuando decide que buscará quedarse en los dominios de Angela para estudiar su
licenciatura (¡no importa que Juan Carlos se espere cinco o diez años para reinscribirse!).
Es ahí, cuando todo toma otro cariz. “Cuando hice el examen para la universidad
fue cuando me di cuenta de lo que me faltaba”.
Si quería ingresar a la uni, Denise
debía tener un nivel C1 y por lo menos B2 para comenzar el curso propedéutico,
pero los resultados no fueron nada alentadores: “Fui a una escuela privada para
hacer el examen y saqué un nivel B1 de panzazo. Fue ahí donde me cayó el 20”
(¿por qué se dirá el 20 y no el 22 o el 28.5?)
Rendirse no es una opción
Denise decide que lo va a lograr
y se pone a estudiar y a repasar como si no hubiera mañana (así como muchos de
mis alumnos y lectores… ajá, sí, cómo no… ¿y su nieve?). Va a un curso
intensivo. Cuatro horas todos los días. “Me quedaba un mes para tener nivel
B2”. Se compra un libro de preparación que habla sobre lo que se tiene que
hacer para tener dicho nivel. Redacta un texto todos los días y pide que
alguien se lo corrija. Se aprende las reglas gramaticales y no les voy a decir
lo que pasó porque prefiero que sea ella misma quien se los diga: “En el mes
que me quedó, de alguna manera lo logré”.
Apreciados lectores, ¿no podrían
acaso hacer lo mismo con su inglés? Fijarse una meta y darse un plazo de un
mes. Si están en A1, tienen un mes para llegar a A2; si están en A2, tienen uno
para llegar a B1 y así sucesivamente. A veces no faltan metas, sino plazos, deadlines, puntos de no retorno.
Apenas un paso de muchos
Denise nos cuenta que llegar al
nivel recién mencionado fue sólo una de tantas etapas por las que tuvo que
transitar. “Empecé el curso en octubre, de lunes a viernes, cinco horas
diarias. Antes tuve que ver cómo pagarlo. Tuve que ahorrar. Los demás cursos
son gratis, pero este no. Si no paso este examen este semestre, es mi última
oportunidad. O lo paso o me despido de Alemania”.
Esto hizo que Denise se
comprometiera todavía más. “La verdad sí era pesado. No era una clase
divertida. Te enseñaban todo lo que no sabías: escribir de manera científica,
leer textos de investigación. Te entrenaban mucho con las lecturas y que te
fueras acostumbrando a escuchar a alguien hablar durante una hora y media en
alemán. Te enseñaban a discutir y a defender tus puntos de vista. Teníamos que
opinar sobre lo que pasaba en las noticias”.
El curso duró de octubre a
finales de febrero y después nuestra entrevistada hizo su examen. Dos semanas
después le daban su resultado. “Esos meses fue cuando más aprendí. Me hice el
propósito de dejar de hablar con todos en inglés. Lo que me ayudaba mucho era
ver películas que ya conocía, en alemán con subtítulos en alemán”.
“Recuerdo”, dice Denise, “que al
principio, cada vez que entregaba mi escrito, me lo regresaban con todo rojo y después
se fue viendo menos rojo y menos rojo, hasta que al final ya sólo habían dos
cosas que corregir”. El resultado de todo esto: “Pasé el examen en el primer
intento”.
¿Y ustedes, apreciados lectores,
cuántos rojos han recibido últimamente?
Siguiente
etapa
“Ahora había que ver si me
aceptaban en la universidad. Tenía seis meses para ello. Hice el proceso en dos
universidades de Colonia y en las dos me aceptaron. Ya que supe, yo era la más
feliz del mundo”.
Sin embargo, no todo iba a ser downhill from there. “La primera semana
en la universidad fue otra cubetada de agua. Fue difícil acoplarme a estudiar
en Alemania. Los términos de neurología (Denise estudió terapia del lenguaje),
por ejemplo, eran los que más me costaban. El diccionario se convirtió en mi
mejor amigo”.
Llegó el momento del primer
examen y ella se preparó como nunca antes. “Me hice una respuesta imaginaria.
Para que no me faltara ninguna “n” ni ninguna declinación. Cuando llegué al
examen, sin embargo, sí eran los temas, pero no había ninguna de las preguntas
que me había imaginado. Me dio tanto pánico que me bajó la presión. El examen
se trataba de que dieras una opinión. Era, en otras palabras, examen del tema y
examen de mis cualidades para escribir en alemán. La primera pregunta estaba
difícil. Me dije: <<bueno, vamos a pasar a la siguiente hoja, a la
tercera, a la última, no, pues nada>>. Me levanté, entregué el examen en
blanco y dije: <<nunca voy a acabar esto, no sé para qué me metí>>.
No pasé el examen”.
“El clima, nevaba, todo era
deprimente. Nunca lo voy a pasar, nunca voy a acabar. Yo me conformaba con
pasarlo”, cuenta Denise. “Eso de sacar buena calificación se quedó en la última
de mis prioridades. El primer semestre pasé cuatro materias y tuve que repetir
dos. Y entonces me hice una promesa: O pasas todas o ya dejas de perder el
tiempo”.
“Me la pasé estudiando todas las
vacaciones”, continúa. “Tenía prácticas en el consultorio y poco a poco dejé de
tener miedo de hablar. Encontré otro trabajo en el que sólo hablaba en alemán.
Me compré muchos audiolibros. Me compré libros que yo ya conocía, en alemán.
Para mi vocabulario me ayudó, precisamente, leer libros que ya conocía o ver
cosas que ya conocía. Anotaba muchas maneras de escribir una conclusión o
frases que pudiera usar en trabajos de investigación. La clave era no hablar en
otro idioma que no fuera alemán”.
“Con el paso de los semestres fui
mejorando. Lo que yo estudié no es difícil. No es como estudiar mecánica o
física. En realidad son pocas las cosas que te tienes que aprender de cajón
para hacer tu trabajo. Lo demás es creativo. Mi shock era el siguiente: a un
amigo le da lo mismo que diga tres cosas mal de diez, pero ya como terapeuta
del lenguaje, eso significaba mucha presión”.
Breve paréntesis y una disculpa
Entre más avanza la entrada menos
me meto en lo que dice Denise. Lo siento. Han de pensar que así mi trabajo de
bloguero es bien fácil, a piece of cake, como
quitarle un dulce a un niño o una final al Cruz Azul, pero es que lo que dice
nuestra guest no tiene desperdicio y
no quiero que se pierdan de nada, absolutamente de nada. Estoy convencido de
que una frase de Denise puede ser el despertar de algún lector, el hecho de ver
que, a pesar de las dificultades, se puede avanzar y se pueden conseguir las
metas que uno se propone. Por eso yo, esta vez, calladito me veo más bonito
(aunque yo siempre me veo bonito jajajaja).
El cambio
Denise señala lo siguiente: “Mi
problema fue en los primeros dos semestres, que fue cuando tuve a los maestros
más exigentes”. En aquel entonces, agrega, “me gustaba mucho ir a las clases de
la Facultad de Medicina porque ahí es donde los términos eran más parecidos al
latín”.
La viajante por excelencia
(conoce medio mundo, se los aseguro) nos cuenta que algunos de los exámenes
eran en el auditorio. “Te proyectaban la pregunta por 45 segundos y luego
tenías 45 segundos para anotar tu respuesta. <<¿Y si no entiendo una
pregunta?>>", es algo que le preocupaba a mi amiga. Como no era nativa del
alemán, le permitían hacer los exámenes con un diccionario. Y me comparte con
gran alegría: “Me di cuenta de que no tuve que usar el diccionario una sola
vez. Ahí empezó a mejorar mi autoestima. Me relajé”.
La clave del éxito y del progreso
Es en esta parte de la
conversación en la que siento que todas las lecciones que Denise nos ha podido
brindar, que son muchas, se condensan en la que tal vez sea la clave más
importante para mejorar en el idioma alemán, en el idioma inglés y
probablemente en casi todo lo demás, incluida la matatena y la escritura de
blogs que nadie lee: “Me relajé”, reitera. “Si no me entendieron lo que dije,
pues ya me preguntarán. Yo no soy nativa, bastante hago con ya hablarlo como lo
hablo”, y esto obviamente se reflejó en sus calificaciones, que empezaron a ser
buenas.
“Dejé de tener miedo de escribir
algo mal. Me valió escribir al revés, al derecho, pero intentaba escribir todo
lo que sabía. Dejó de preocuparme si era con doble “s” o con una. Me concentré
más en el contenido que en la forma. No lo sabía perfectamente, pero era algo
bien aprendido, con un par de faltas de ortografía. En mis presentaciones me
sentía más segura de hablar”, dice mi amiga de Colonia.
Lo anterior me hace reflexionar
sobre mis propios procesos de aprendizaje y, aún más, sobre el proceso de
aprendizaje de mis alumnos. ¿Cuántas veces no nos hace falta relajarnos?
Relajarnos para aprender y para disfrutar el proceso. ¿Cuántas veces no nos
hace falta que nos valga un poco? El problema es que a menudo nos pasamos y
termina valiéndonos mucho. ¿Cuántas veces no nos preocupamos de más cuando lo
que de verdad deberíamos de hacer sería ocuparnos en practicar? ¡Es momento de
abandonar la idea de la perfección y adoptar la idea de la mejora continua!
Au pairs
En la parte final de la
entrevista le pregunto sobre su experiencia cuidando bebés y niños. Pienso en
mis alumnas y en lo genial que sería que se fueran uno o dos años a Frankfurt,
Karlsruhe o al famosísimo Vaihingen an der Enz a cuidar bodoques. Denise me
dice que la au pair no tiene
necesidad de hablar alemán y que con un nivel A1 (poder pedir en un
restaurante, los números, etc.) puede ser suficiente. Sin embargo, ella
recomienda que quien quiera irse a Alemania tenga un nivel de alemán superior a
A1, especialmente si los bodoques ya están más grandecitos.
“Los bebés no hablan, pero no es
lo mismo ir con niños. Ellos no van a decir: <<Ay, pobrecita, le voy a
hablar lento o con las palabras correctas>>. Los niños no se tientan el
corazón” y el problema es que (si no tienes un nivel aceptable) y “quieres
poner una regla, pues no la puedes poner”.
¿Y su inglés?
Finalmente, me entra la
curiosidad por conocer, ante tanto alemán en su vida, el estado de su inglés y
me cuenta que también trabaja como redactora en línea (bueno, pues… ¿a qué hora
descansas my friend?) y que ahí
prácticamente toda la comunicación es en lengua inglesa. Aunado a lo anterior,
sigue viendo películas en inglés y sus libros también los lee en dicho idioma.
Además, “el contacto con mis amigos de Corea es en inglés” (¡ven!… ¡eso de
tener amigos más allá de la colonia Sánchez funciona para los idiomas!)
No omito la historia de cómo
consiguió el trabajo porque creo que extrapolando un poco, podemos llevarnos
también una lección muy valiosa. “Un día”, dice quien por segundo nombre lleva
el de Alejandra, “vi un anuncio de que se buscaba a alguien cuya lengua materna
fuera el español y a quien le gustaran las compras en línea”. Mi amiga, por
supuesto se reconoció de inmediato. “Si sabías de WordPress, eso mejoraba tus
posibilidades”.
Ese mismo día se puso en contacto
y aunque no tenía conocimientos de WordPress, hizo lo que cualquier persona del
mundou modernou hubiera hecho: ir a
YouTube y verse el tutorial. El problema fue que le agendaron la entrevista
para el siguiente día y, como pudo, se las arregló para mostrarles que sabía
algo de WordPress o que, al menos, tenía potencial. Por eso, admiro a mi amiga:
porque ante los obstáculos y las adversidades se crece. “De alguna manera, me
contrataron. Tal vez por mi creatividad”.
La lección WordPress podría ser,
precisamente, esa. Si no saben algo en inglés, vayan a YouTube, vayan a
WordReference o a Wikipedia o a cualquier otro sitio y busquen, indaguen, no se
esperen a que sea su maestro quien les enseñe todo (yo y todos los maestros de
este world también necesitamos tiempo
para tomarnos una cerveza, para leernos un buen libro y para estar descubriendo
nuevos filtritos en Snapchat, sobre todo esto último). A veces, por gusto o por
necesidad, tenemos que ser t-shirts (¿o
será teachers???) de nosotros mismos y en los idiomas esta habilidad es
relevante y prácticamente inexorable (“¿y eso qué es t-shirt?” Respuesta: indaguen, indaguen, nunca dejen de in-dagar,
incluso en su propio idioma).
Ya para despedirnos…
Denise se sincera y me suelta un
“me gusta más tu blog que lo que escribías de teatro” y, la verdad, coincido
con mi extraordinaria amiga, pero todo llega a su fin, no hay mal que dure cien
años, ni blog mío que dure más de cien entradas, y es de esta manera en la que
me despido de ustedes lectores empedernidos y lectores esporádicos, pequeña
inglesita, Lesly y los pollitos, Paquillo, salsita Lc, la misma Denise, miss
América K., entrevistados y entrevistadas, y de cada uno de los más de cuatro
lectores que logré tener.
No es verdad, no fueron cuatro
lectores, sino seis o no sé cuántos, pero bueno, ya vamos para las 18 mil
páginas vistas y eso me tiene feliz; un pequeño paso para el hombre que escribe
estas entradas, pero un gran salto si se toma en cuenta que antes mis ideas se
quedaban en el cofrecito de los pensamientos.
Cuando le pregunto a Denise por
qué le gusta más mi blog que mis obras, responde: “Porque hay más de tu esencia
aquí que en lo que escribías antes”, y creo que es por eso mismo, amiga, que
hoy pongo el punto final y me concentro en nuevas tareas y en nuevos proyectos:
porque no quiero repetirme, porque ya he dicho lo que tenía que decir y porque
lo he disfrutado tanto, tanto, que no quiero que me empiece a pesar.
Manos a la obra
Nuestra última entrevistada nos
ha demostrado que con disciplina y con trabajo duro, muchas cosas son posibles.
Para ella eso significó, entre otras cosas, aprender alemán y poder hablarlo
muy bien. Y para ustedes eso podría significar aprender inglés y gozar de
muchas oportunidades (becas, estudios en el extranjero, un mejor trabajo,
viajar, etc.).
Si ya han pensado que aprender
inglés es imposible, si ya tiraron la toalla o están a punto de tirarla,
recuerden por todo lo que nuestra entrevistada de lujo tuvo que pasar, dense
una oportunidad más y relájense. Dejen de verlo como algo aburrido o monótono o
imposible y conviertan su sueño de aprender la lengua más hablada del mundo en
algo real.
Espero que las palabras de Denise
los motiven y los hagan reflexionar y también deseo que todas estas entradas, o
algunas aunque sea, o una, o medio párrafo por lo menos, hayan contribuido a
que su aprendizaje cambiará para bien.
¡Fue un placer compartir con
ustedes estos poco más de dos años! ¡No dejen de aprender, no dejen de leer y
no dejen de practicar!
Me voy. Punto final.
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comentario o sugerencia escribiendo al correo
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